Durante años, el portar una patineta ha sido símbolo de rebeldía y libertad, las niñas fresas se sienten atraídas al ver al chico pandroso y de tenis rotos bajando escaleras o desniveles con trucos coquetos,  los niños pequeños quedan fascinados al ver la complejidad de un buen kickflip y las señoras del mercado comienzan a filosofar sobre el mágico misterio del por qué la patineta no se despega de los pies cuando saltan y hacen sus acrobacias.

Sin embargo, así como existen halagos a la patineta, existen prejuicios que con el tiempo hemos adoptado; terminar la prepa se ha vuelto el truco más dificil de un skater, las drogas, el alcohol y las fiestas son predominantes en su forma de vida, tener piojos y no bañarse es algo super cotidiano y los pleitos con terceros algo característico, tales como: skaters contra policías, skaters contra rollers, skaters contra bmx, skaters contra scooters o skaters contra otros skaters, ¡malditos skaters arruinaron el skate!

Pero a pesar de esto, hemos logrado poco a poco romper esos paradigmas que nos desprestigian sin perder el estilo. Así que sí señora mamá, quizás esté envuelto en un pequeño mundo de drogas, alcohol y fiestas, en problemas con policías y bmx que se atraviesan en todo el skatepark y quizás, sólo quizás vaya mal en la prepa, pero jamás culparía por nada a la patineta.

Perdón mamá, soy skite, pero con chilito del que pica. <tres

Texto: Armando Arellano.

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