La noche del sábado no fue una más en la ciudad. En el subsuelo vibrante de la escena, el Fuck Off Room volvió a abrir sus puertas como portal al caos, al grito y a la catarsis.
DROPIN fue más que una fiesta: fue un conjuro donde las guitarras sangraron y las almas se entregaron sin freno.

Desde temprano, la gente comenzó a llenar el recinto con la misma ansiedad que se siente antes de una tormenta.
Cigarros encendidos, cervezas en mano, miradas cómplices. Sabíamos que algo se venía, pero nadie imaginaba el peso de lo que estaba por desatarse.

Los primeros en subir al altar del ruido fueron TIERRA MUERTA.
Su presencia fue densa, casi espectral. Cada riff era una herida abierta, cada grito un llamado a los que ya no están.
No tocaban canciones: recitaban epitafios sonoros.
La gente no bailaba: se dejaba poseer.

La distorsión se volvió religión. El sudor empezó a correr por las paredes, y el piso crujía como si no pudiera cargar tanta energía comprimida.
En medio del humo y la luz roja, AXPI tomó el relevo.

AXPI no toca: exorciza.
Con una mezcla precisa entre electrónica en trance y beats que golpean como martillos, AXPI convirtió el Fuck Off Room en una ceremonia urbana.
Un descenso al caos, con el cuerpo como única brújula.
Hubo gritos, hubo saltos, y hubo momentos donde el tiempo pareció colapsar.

Cuando creímos haber alcanzado el límite, BLACK OVER DRIVE irrumpió como una avalancha.
Su presencia fue como una sirena negra anunciando el fin del mundo.
No hubo respiro: solo distorsión, golpes de batería como caídas de edificios y un bajo que te recorría la columna como electricidad.

Las guitarras rugían como motores rotos, las voces eran puños al vacío, y la gente respondía con los ojos inyectados y los pies en el aire.
El pogo fue inevitable. Cuerpos chocando, abrazando el dolor con una sonrisa.

Esta noche no fue para cualquiera. Fue para quienes entienden que la música también puede doler, que el arte también sangra.
Fue para quienes saben que el underground no es solo un lugar: es un lenguaje, una forma de resistir.

DROPIN se volvió símbolo.
El Fuck Off Room, su templo.
Y nosotros, los testigos.
Los que gritamos hasta quedarnos sin garganta.
Los que sudamos como si estuviéramos sacando algo de adentro.
Los que no queremos que esto se vuelva mainstream, porque aquí abajo…
la llama arde más fuerte.

📸 Disfruta cada imagen. Cada toma es una prueba de que estuvimos vivos.
🎥 Esto es historia subterránea. Y apenas comienza.
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